Buenas buenas gente mía.
Aquí estoy de nuevo, pero ahora con un cierto punto de sofisticación ya que, sí, estoy en la capital del Estado Opresor y eso, quieras que no, eleva a cualquiera hasta lo más alto de la estratosfera española. De aquí al cielo, escuché decir a alguien alguna vez... ese pobre no se había pasado nunca por el verdadero paraíso de este planeta...(una pista: I_ _ _ _ C_ _ _ _ _ _ _)
No tengo más que palabras de emoción para los gestos de los vasquitos y nesquitas que me han escrito en el blog en el episodio dedicado a mi despedida euskalduna. Yo también, créanme, los voy a echar de menos. Estamos por Madrid para lo que haga falta.
No se puede decir que, por el momento, mi vida capitalina-española sea verdaderamente emocionante. Todo se reduce a levantarme, terminar de colocar mis cosas en los pocos lugares que van quedando vacíos y cocinar para que mi gitana tenga comida en mi ausencia. Sí, los que estén pensando que me he convertido en una Maruja están en lo cierto; y, además, soy de las que se ponen nerviosas cuando no se tiene en cuenta su labor y su esfuerzo. Sí, de esas que cuando llega el marido a casa pone morritos porque no le hace caso o porque no la saca a pasear después de un duro día de labores y de las que se indignan si se le recrimina lo que no ha tenido tiempo de hacer. Sí, ese/esa soy yo/ya. Estoy planteándome seriamente el uso de rulos y delantal para terminar de cerrar mi metamorfosis. Si hay sugerencias, se aceptan de buen grado.
Ya llegó el verano, ya llegó la fruta, y este que les escribe se va a FuertevenTRUTA. Les escribiré antes, no obstante. Pásenlo bonito.
Bene
